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Estación 47: Relatos de horror
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Estación 47: Relatos de horror |

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Acompañé a Luisa a lo largo de las vías. Hasta que frente a nosotros vimos un gran bulto negro. Al iluminarlo, pudimos apreciar que se trataba de un viejo tren, estaba en muy mal estado, muy oxidado y roído por el tiempo. Y negro, como si una gran llamarada lo hubiese abrazado. —Este es—, dijo Luisa señalándolo —El tren de la estación 47. —Es sólo un viejo tren abandonado—. Dije iluminando varias partes de él. —Se supone que deberíamos escuchar algo—. Dijo Luisa. —Se supone- Dije en medio de un bufido. —¡Ven!—, exclamó tomándome de la muñeca y dirigiéndose al viejo tren. —Grabaremos desde adentro. Entramos por la puerta de la cabina del conductor la cual estaba destrozada. Vimos los viejos paneles de control echados a perder, cables salidos, goma derretida por el fuego. Iluminé las cabinas, los asientos estaban en similar estado, todos quemados y totalmente destrozados. Caminamos por los vagones grabando y fotografiando cada detalle. Vimos que en uno de estos vagones, estaba en peor estado que los otros, el techo y el suelo tenían un gran agujero, como si algo hubiese explotado allí. —¡Increíble!—, exclamó Luisa. —Aquí debió ser el origen de la explosión. —Es lo que parece—. Dije iluminándolo. —Bien, las últimas fotos y nos vamos—. Dijo Luisa. Me habría gustado que todo hubiera terminado ahí, en tomar esas fotos y marcharnos de vuelta a nuestras cotidianidades. Pero no, era mucho pedir. Escuchamos el ruido de una maquinaria al encenderse. El tren empezó a vibrar. Oímos el tono de avisar cuando las puertas se cierran. Unas luces blancas nos segaron. Cerramos los ojos y nos cubrimos el rostro con las manos. Soltamos un grito.
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