Ensayo sobre la ceguera, por José Saramago

Publicado por Víctor Abreu en

Hace ya pocos meses que terminaba de leer el primero de una serie de dos libros, compuesta por Ensayo sobre la ceguera y Ensayo sobre la lucidez, ambas obras del grandioso escritor portugués José Saramago. Fueron varias las personas que me comentaban sobre el sentimiento de impotencia y hasta desesperación que llegaban a sentir mientras avanzaban entre las páginas de este libro, justamente por la forma en que se trata el tema de la ceguera y lo emocionante que se torna la historia. Esta fue la motivación especial que necesité para decidir leerlo antes de los otros de Saramago que ya tenía en lista de espera.

La historia nos relata una ciudad común y corriente con ciudadanos comunes pero con algo muy extraño que empieza a suceder sin ningún tipo de precedente o explicación, una ceguera blanca. El primer enfermo se encontraba manejando su vehículo y se detiene en un semáforo a esperar la luz verde, momentos después toda la fila de autos empieza a tocar bocina para que este señor pueda avanzar, pero no lo hará, ha quedado ciego sin razón aparente, desesperado y sin saber qué hacer.

Entre la incertidumbre, los deseos de ayudar al pobre hombre y la desesperación de los demás conductores, un segundo individuo decide tomar el vehículo y manejar hasta la casa del ciego y luego de dejarlo, le roba el vehículo. Si bien no logran pasar 15 o 20 minutos desde el robo, el segundo hombre queda totalmente ciego, la ceguera blanca.

 De esta forma empieza la historia, que luego va tomando más forma desde de que el primer ciego contacta a un oftalmólogo y decide hacerle un visita de urgencia. Al llegar hay varios pacientes en la sala de espera y deben esperar aún más tiempo dado que este es un caso muy particular. Esa misma noche cuándo el médico llega a su casa, también se queda ciego, lo mismo que sus pacientes.

Después de varios días de reportes de ceguera que van expandiéndose en toda la ciudad, el gobierno decide ponerlos en cuarentena, y dado que no se conoce exactamente el método de contagio, se crean dos salas de aislamiento, una para los ciegos y otra para los que han estado en contacto con ellos, incluyendo los choferes de los autobuses públicos encargados de transportarlos. A todo esto, la única persona que no ha quedado ciega tras el contacto es la esposa del médico. Aún así, ella decide hacerse pasar como ciega para estar siempre al lado de su marido y ayudar en todo lo posible sin que sea puesta en evidencia.

La epidemia toma niveles tan alarmantes que el ejército debe custodiar las salas de aislamientos y supervisar la repartición de alimentos, ya que hasta los ciegos empiezan a ejercer presiones entre ellos mismos, establecer órdenes jerárquicos y hasta armar todo un entramado de corrupción que baila alrededor de los alimentos y quiénes pueden o no tomar mayores raciones.

La forma en que Saramago describe la ceguera blanca es efectivamente sofocante (en el buen sentido) ya que pensamos que nosotros estamos realmente ciegos. Por momentos yo cerraba los ojos e intentaba imaginarme como sería caminar por mi habitación o la sala de mi casa sin algo tan imprescindible como la vista y tener que guiarme por recuerdos de cómo estaban los muebles antes de cerrar los ojos o valerme de las manos y toscos pasos.

Los que me leen constantemente ya saben de mi amor por la lectura de Saramago y por lo tanto no les sorprendería saber que este libro lo califico como un obligatorio en los libreros. Si se aventuran a leer esta historia, favor de continuar con la que sería su segunda parte, Ensayo sobre la lucidez, igualmente recomendado, intenso e interesante. Mi puntuación a Ensayo sobre la ceguera es de 8.5 de 10.

Un dato curioso sobre este libro es que en ningún momento se mencionan nombres de personajes, Saramago se refiere siempre a ellos con descripciones muy características con las cuales nos vamos haciendo la idea e identificamos a cada uno de ellos.

 


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